Diario de Navarra, en su edición de octubre ha publicado un artículo de Alfredo Ciriaco, Socio del Área de Auditoría y Consultoría Financiera en PKF Attest:

 

‘La Ley 11/2018 de 28 de diciembre sobre información no financiera y diversidad no solo amplía el perímetro de entidades sujetas a divulgar dicha información, sino que extiende el contenido de la información requerida, proporcionando una mayor concreción respecto al contenido del Estado de Información No Financiera (EINF).

De una manera muy resumida y renunciando a ciertas dosis de precisión, con la nueva ley la obligatoriedad de difusión del Documento de Información No Financiera afecta a sociedades de capital con más de 500 trabajadores y, en 3 años, dicho nivel descenderá a 250 trabajado­res.

La nueva ley contribuye, sin duda, a la transparencia de las empresas y organizaciones. Representa un avance en la interpretación de la realidad de una empresa o grupo empresarial, permitiendo ver más allá de los números indicativos de su situación económica y finan­ciera y,por tanto, este ejercicio de transparen­cia permitirá, a su vez,una mayor calidad en la confianza que los inversores puedan o no tener en las empresas.

Las decisiones de los inversores podrán adoptarse teniendo en cuenta un análisis más allá del balance y de la cuenta de pérdidas y ganancias, permitiendo considerar otra dimensión en la información claramente determinante en la consecución de los objetivos estratégicos y que contribuye a visualizar, de una manera más completa, el valor y funcionamiento de las compañías. Con el tradicional reporting de información financiera, no se visualizan todas las aristas del valor creado por las empresas. Pensemos que un porcentaje muy relevante del valor de las compañías se asocia con sus intangibles, y éstos tienen poco reflejo en la información financiera tradicional.

Nos encontramos en un momento en el que informar tan solo de los aspectos financieros ya no es suficiente. Se necesita divulgar otro tipo de información que nos permita conocer no solo su situación actual, sino también conocer cómo se encuentra hoy para abordar su futuro, y ello pasa por integrar variables relacionadas con dimensiones medioambientales, sociales y relativas al personal, sobre el respeto de los derechos humanos, sobre la lucha contra la corrupción y el soborno y sobre otros aspectos de la sociedad relacionados con los compromisos de las empresas con el desarrollo sostenible, políticas de subcontratación y relación con los proveedores, medidas para la salud y seguridad de los consumidores, etc. En definitiva, unos parámetros e indicadores claramente alineados con la estrategia de las organizaciones, permitiendo disponer para su análisis de una información más completa e integrada.

En cada una de las dimensiones o cuestiones requeridas debe de informarse respecto a sus riesgos, políticas, indicadores clave y resultados, de tal modo que se informe de los riesgos e impactos asociados con cada una de las cuestiones indicadas, las políticas implementadas para gestionar y mitigar dichos riesgos, los indicadores clave deberán de ser precisos, comparables y verificables para evaluar adecuadamente los progresos de las organizaciones permitiendo la comparación de la información, tanto a nivel temporal como entre compañías,  y, por último, sobre los resultados asociados a la implementación de las políticas.

Además, resulta importante entender que la evolución de estas variables no financieras, pueden explicar determinadas variaciones futuras de la información financiera (los impactos no necesariamente son contemporáneos) y, por tanto, ser un buen barómetro de cara a interpretar mejor la tendencia de las organizaciones.

Sin embargo, este cambio de paradigma no es sencillo de implementar ya que partimos de un modelo tradicional claramente enfocado a los resultados y a los parámetros financieros y apartarse de esta visión, para adentrarse en otra mucho más integrada y con dimensiones nuevas sobre las que no nos encontramos tan familiarizados pero que, sin embargo, forman parte de la fisionomía de las empresas, implica cambios y tiempo.

Las empresas necesitan “digerir” estas nuevas dimensiones y métricas asociadas y mejorar, no solo en la cantidad de información a gestionar, sino también en la calidad de la misma y no todas las empresas se encuentran en un mismo nivel de preparación para abordar estos retos, pues existen distintos grados de madurez en la gobernabilidad y control interno de los procesos implicados. Por ejemplo, los sistemas de información de las organizaciones deben permitir a la dirección medir y gestionar los impactos de sus acciones, teniendo en cuenta todas estas nuevas dimensiones y no solo la económica o financiera. Por tanto, las organizaciones tienen nuevos retos asociados con la profesionalización y control de los procesos de gestión de la información de cara a equiparar la fiabilidad de la información financiera y no financiera.

En definitiva, mejorar en la cantidad y en la calidad de la información, permitirá a las compañías definirse de una manera mucho más clara ante sus grupos de interés, utilizando dimensiones o variables que ayudan a comprender la evolución y las perspectivas de futuro, como complemento a los datos históricos.

Las empresas tienen que concienciarse en que el EINF está aportando mucha información a sus grupos de interés y, por tanto, su confección debe de ser vista como una carta de presentación en la que las empresas están demandando confianza.

Por ejemplo, a los inversores y financiadores se les está pidiendo que inviertan en ellas, a sus trabajadores que colaboren con ellas, a los proveedores que les provean y a los clientes que consuman sus productos o servicios.’

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies